Sin duda la literatura es una de las herramientas fundamentales para los cambios en la sociedad y, por supuesto, en la vida política de una país. Los grandes movimientos sociales han tenido su medio literario para expresarse y dar base a su quehacer social. Miremos, por ejemplo, el movimiento estudiantil de 1968. No veamos sólo al CNH; sino desde la Primevera de Praga, el Mayo Francés; recorriendo el mundo entero hasta llegar a Luther King y, claro está, en la historia del dos de octubre negro en Tlatelolco.
De la Revolución de 68, encontramos escritores destacados como Paco Ignacio Taibo II, Elena Poniatowska, el mismísimo José Revueltas (ya ecritor reconocido entonces), Luis González de Alba, René Aviles, Monsivais, Roberto Bolaño, entre otros. Todos ellos, tienen sus crónicas sobre el movimiento estudiantil.
La percepción de la realidad política, social y económica se vio a fectada mediante las letras. Era la hora de poetizar la rebeldía; así como en Praga se hizo famosa la frase "podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera"; en Francia el movimiento ha sido retomado de forma nostálgica para poesía; y sobre todo, el discurso poético de Luther King, en Estados Unidos, cuyo sueño había sido forzadamente desvanecido fuera de su cuarto de hotel... Es decir, la poesía estaba dentro del movimiento mundial. Dicho de una forma más acertada, el movimiento estaba impregnado de poesía; o la poesía estaba llena de movimiento.
Pero al parecer, los cambios sociales tienen la misma importancia en la gente que la poesía, es decir, es nula o tal vez está a un paso de extinguirse. Ya no se lee o se escucha un comentario de rabia o de tristeza, sublimidad o incluso tristeza, al leer algún poema como "Memoria de Tlatelolco" de Rosario Castellanos y nadie camina por la calle pensando:
De la Revolución de 68, encontramos escritores destacados como Paco Ignacio Taibo II, Elena Poniatowska, el mismísimo José Revueltas (ya ecritor reconocido entonces), Luis González de Alba, René Aviles, Monsivais, Roberto Bolaño, entre otros. Todos ellos, tienen sus crónicas sobre el movimiento estudiantil.
La percepción de la realidad política, social y económica se vio a fectada mediante las letras. Era la hora de poetizar la rebeldía; así como en Praga se hizo famosa la frase "podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera"; en Francia el movimiento ha sido retomado de forma nostálgica para poesía; y sobre todo, el discurso poético de Luther King, en Estados Unidos, cuyo sueño había sido forzadamente desvanecido fuera de su cuarto de hotel... Es decir, la poesía estaba dentro del movimiento mundial. Dicho de una forma más acertada, el movimiento estaba impregnado de poesía; o la poesía estaba llena de movimiento.
Pero al parecer, los cambios sociales tienen la misma importancia en la gente que la poesía, es decir, es nula o tal vez está a un paso de extinguirse. Ya no se lee o se escucha un comentario de rabia o de tristeza, sublimidad o incluso tristeza, al leer algún poema como "Memoria de Tlatelolco" de Rosario Castellanos y nadie camina por la calle pensando:
"[...]en qué horas del día
repartía mis pequeños odios con el odio grande
de los miles que éramos".
repartía mis pequeños odios con el odio grande
de los miles que éramos".
Como pensaba Paco Ignacio Taibo II en su poema "Ese día". Nadie, ni una palabra y sobre todo ninguna conciencia. Ni politizado ni literatos. Ni coniscientes ni letrados. Así estamos, ¿o no estamos?